viernes, marzo 23, 2007

La inocencia de un bebé de un año le permite a su padre regalarle una sonrisa sólo llevándolo a una alberca.

En medio de un México lleno de problemas, ¿qué culpa tiene Andrés de que su padre no deje de pensar en ellos? Así que el fin de semana pasado, junto con unos amigos muy cercanos, decidimos, por un momento, dejar a un lado tanta teoría y concentrarnos en disfrutar la sonrisa de nuestros hijos.

¿Cuánto vale ver sonreir tan genuinamente a tu hijo?

Andrés y su padre, refrescandose despreocupadamente en una alberca con vista al océano Pacífico.

1 comentario:

Esteban dijo...

Qué chida foto, y claro, el fin de semana de Manzanillo estuvo increíble, tengo evidencia presencial para constatarlo...