lunes, noviembre 09, 2009

Uno de mis más recientes amigos, de quien he aprendido mucho, nos invita a su oficina una vez cada mes para hacer reflexiones en cuestiones de economía política; de política y de economía.

Dada la relevancia que ha tenido en la política mexicana la extinción de la Luz y Fuerza del Centro, y junto con eso, el despido masivo de sus trabajadores, dedicamos en la pasada velada unos minutos para exponer nuestros puntos de vista al respecto... Es muy complicado poder documentar todo lo que en estas sesiones se dice... pero Alejandro, escribió en muy pocas palabras una contundente opinión, en la cual coincido desde la primera hasta la última línea...

LOS ELECTRICISTAS

Alejandro Rozado, Nov 2009

Hay un asunto ético que se desprende del caso de los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y que quisiera destacar en esta ocasión. Al liquidar la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, el gobierno federal y sus aparatos ideológicos han desatado no sólo una campaña política de desprestigio de uno de los gremios más democráticos y combativos de la historia moderna de México, sino que además desplegó con gran sentido de la oportunidad un cuerpo de ideas muy característico, y ya hegemónico, entre las mal llamadas “clases medias”.


Se trata de una suerte de sentido común adoptado por los actuales consumidores de opinión (antes ciudadanos) que unifica a vastos sectores alrededor de “verdades” aceptadas por el solo hecho de ser difundidas. Las premisas de estas verdades son ejemplo de los valores más egoístas y envidiosos del neoliberalismo, el cual –hay que reconocerlo- ha vencido y penetrado profundamente en la conciencia del individuo común y corriente. Se trata de un pensamiento basado en la contabilidad inmediata: “tanto nos cuesta esa paraestatal, tanto perdemos (por culpa del sindicato); conclusión: empresa y empleados ineficientes; por tanto, liquidémosla. No importa que se vayan a la calle, de la noche a la mañana, 45 mil trabajadores desobligados (se lo merecen)”. Actuar tronando los dedos es el símbolo de “lo que hay que hacer en este país”. Cada hombrecito que consume esta lógica operativa y la repite sin discernimiento propio se convierte virtualmente en un ejecutivo defensor de la sociedad de libre mercado a quien no le tiembla la mano para cortar las cabezas necesarias en nombre de la eficiencia. Los razonamientos de un burócrata de las finanzas, como Carstens, de pronto se declaran inoculados en el cerebro mayoritario de las clases medias. Y todos al unísono entonan el coro del darwinismo social de la derecha: “¿Por qué esos electricistas han de estar privilegiados si los demás estamos jodidos? ¡Que se jodan ellos también!”. Si yo no estoy satisfecho con mi nivel de vida, entonces nadie debe estarlo, ¿no es así? La mezquindad moral como sabiduría de la vida; la envidia y el resentimiento social clasemediero como el motor fascistoide de los futuros acontecimientos. (Por cierto que al mismo tiempo que se perpetraba el ataque a las instalaciones de Luz y Fuerza, en la importante ciudad de León el gobierno y las mismas buenas conciencias organizaron una quema pública de libros de texto gratuito debido a que en ellos se enseña la sexualidad “con fines de gozo”…)


El fomento oficial de las conciencias tipo cangrejitos mexicanos. Y hay que ver cómo se les llena la boca a cientos de opinadores acusando al SME de corruptos, como si los acusadores estuviesen ajenos a semejante estilo de vida. El fariseísmo panista convertido en ideología del rencor que salvaguarda la sociedad de libre mercado, aquella que debe dictar quién sobrevive y quién no; en cambio, la solidaridad humana, el compañerismo ante el infortunio, la identificación de que el libre mercado no puede dar respuesta por sí mismo a cien problemas de desigualdad social, esas son consideraciones “bolcheviques” (como está en boga exclamar en EU) que han arruinado al mundo, ¿no es cierto?


Pero los electricistas opinan diferente, pues son portadores de otra ética: el SME lleva décadas de practicar la solidaridad obrera hacia toda lucha popular reivindicativa, de tal modo que ahí donde ha habido una protesta contra la injusticia social, el sindicato siempre ha pasado lista de presencia. Ningún gremio está exento de prácticas antidemocráticas y abusivas; pero colgarle a los electricistas del SME los epítetos más despreciables que distinguen al charrismo sindical que tanto han combatido durante décadas no deja de ser una de las mayores ironías de la clase obrera mexicana. Es como si a una pacífica indígena de Querétaro se le acusara de secuestrar a seis agentes de la AFI…



Hace unas semanas ocurrió un hecho trágico en el Metro Balderas que parece un signo premonitorio de lo que pasaría después: un electricista (precisamente) que viajaba en el tren rumbo a su casa, se encontró de pronto con su destino en forma de dilema: al llegar a la estación y abrirse las puertas del vagón, el obrero se dio cuenta que un loco balaceaba impunemente a la masa de usuarios sobre el andén; en cuestión de segundos tuvo que decidir entre protegerse a sí mismo del peligro o enfrentar al agresor y proteger así a cantidad de inocentes en riesgo de ser asesinados. Hizo lo segundo a costa de su propia vida. ¿Eligió mal este electricista? Por el número de vidas que salvó, parece que la respuesta es no: no eligió mal. Simplemente estuvo animado por otra ética, incomprensible para la pequeñez del egoísta… Ante la agresión del Estado, espero que los electricistas del SME sepan elegir también conforme a una ética que ningún pequeño consumidor de noticias podrá entender jamás.

2 comentarios:

Esteban dijo...

Está fácil. Solución total al problema de desempleo. Démosle empleo a todos los mexicanos desempleados en las paraestatales. Así el desempleo se va a ceros y todos tienen sindicato y prestaciones de clase media. ¿Por qué no se le habrá ocurrido a alguien antes?

Anónimo dijo...

Qué payasada. ¿Ética del sindicato? Tendrían tu compañero de charla y tú que haber sufrido la porquería de servicio de LyFC y haber gastado en contratar una planta de luz porque los señores sindicalizados no cumplían su trabajo cuando tenían que hacerlo. La respuesta en el servicio duraba de 4 a 7 días en mi colonia... y ahora el tiempo de respuesta es 2 horas con CFE... qué raro!
Ah! Y no hablemos de las literales madrizas que les pusieron los 'éticos' a los primeros electricistas que decidieron cobrar la liquidación... no viste las noticias? (tengo que decirlo, fue mucho peor verlo en persona).
Dato curioso: el obrero del metro NO era electricista, era albañil.
Y después de las liquidaciones que les han dado, de las 20,000 recontrataciones programadas (hasta ahora) y de todo lo que NO hicieron de trabajo mientras debieron, no sé de qué se quejan. Como siempre, la gente quiere el máximo beneficio con el mínimo de trabajo. Arriba México!