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miércoles, diciembre 22, 2010

Debió ser hace casi 30 años, en la víspera de navidad como ahora, que mis papás nos compraron un nacimiento en Tlaquepaque. Lo recuerdo perfectamente. Eran unos muñequitos de barro pintados de blanco con vivos dorados y negros.

Originalmente los pusimos en una mesita junto al sillón, a un lado de la ventana. Seguramente era de los primeros nacimientos que yo veía, y el primero que armé con mucha ilusión.

En esas fechas, en cada casa a la que iba, a cada tienda, en cada lugar, buscaba encontrar un nacimiento. Los contemplaba todos. Me sorprendía encontrar figuras originales que enriquecían la puesta en escena: diablitos, ángeles, animales de todo tipo, muchos pastores en todas las variantes posibles, en fín.

Pero hubo algo, una única cosa, que quería para mi nacimiento que apenas tenía al Señor San José, a la Virgen María, al niño Dios en su cunita, los tres reyes magos, una vaca y un burro: Quería una cabañita. Un portal dónde meter todas las flamantes figuritas.

Le pedí a mi papá que me comprara una, y él me dijo que era algo que se podía hacer en casa. Entonces le pedí que me hiciera una.

-¿Papá, me haces una casita para mi nacimiento?
¿Papá? - y le jalaba el pantalón para que me hiciera caso.

Recuerdo que se lo pedí una y otra vez, y siempre encontraba un pretexto para posponer ese proyecto. Pero yo no dejaba de insistir hasta que un día, despues de muchos intentos lo acorralé de tal manera que no tuvo oportunidad de escaparse.

Recuerdo con mucha claridad que se sentó en la mesa del comedor, tenía una caja vieja de zapatos, una navaja, un lápiz y una regla. Y sin hacer mucho preámbulo, comenzó a trazar rayas sin un sentido aparente en la caja ante mis ojos curiosos y llenos de sorpresa.

Sin duda no tardó más de 10 minutos cuando la navaja le ayudaba a retirar trozos de cartón, y la caja de zapatos, poco a poco se fue convirtiendo en una moderna, estilizada, simple y adorable casita para mi nacimiento. Mi sonrisa no era suficiente para expresarle mi agradecimiento y mi admiración por la facilidad con la que hizo esa artesanía. Pero eso no era todo: Con pedacera de papel para envolver regalos, que tenía el estampado de grandes ladrillos rojos, hizo unos recortes para forrar la nueva casita y darle un acabado increíblemente encantadora. Mis ojos no podían estar más abiertos, atónitos ante una obra de arte que había surgido de una caja y un papel que se rescató de la basura. Mis manos pequeñisimas, tomaban la figura y la giraba para poder contemplar cada detalle, sus ventanas, su cerca con cada uno de sus troncos, la forma en que se dispuso el tejado... todo con una precisión y nivel de detalle que superaba por mucho la casita que yo me habría imaginado.

Inmediatamente, puse todos los monitos dentro de la caja y debí pasar horas contemplando y jugando con ese nacimiento.

No recuerdo, a la distancia de los años, qué fue lo que pedí y qué fue lo que me trajo de regalo el niño Dios. Pero esa navidad de principios de los 80's, será inolvidable para mí, por ese fantástico regalo que mi papá me hizo completando ese nacimiento que todavía tengo tan presente.

Hace unos días, mientras organizabamos el cuarto de los niños -en plural-, desprendimos una lámina de cartón donde Lina y yo teníamos un control gráfico de los proyectos de nuestro negocio. Hasta hace poco, el cuarto de Andrés era tambien nuestra oficina y ahí teníamos un pintarrón, un corcho con un montón de pendientes pegados, y esta enorme lámina de cartón que al final, estaba lleno de rayas que ya nadie leía. Todo éso, junto con muchas otras cosas de la "oficina", tendrán que salir para darle el espacio al hermanito de Andrés.

El caso es que, un día de esta semana, cuando llegué a la casa, me encontré esa lámina que debía ir a la basura, con un enorme trazo de un nacimiento que Lina dibujó. Andrés me esperaba con sus pinceles y unos botecitos de pintura de muchos colores.

-¿Papá me pintas mi nacimiento?
¿Papá? - y me jalaba el pantalón con una mano y sacudía la otra con un puño de pinceles.

-Esta historia ya me la sé. -Pensé. -Y ya sé cómo terminará todo esto.

Así que me puse en "ropa de carácter", organizamos los colores, y comenzamos a pintar.

Esa noche, Andrés pintó hasta que él mismo se sintió cansado y me pidió que terminaramos para ir a dormir. Pero pintó con mucha pasión. Con la actitud de un profesional. Eligió adecuadamente los colores de la postal, y con mucha paciencia pintó grandes áreas del cartón con finísimos pinceles diseñados para hacer dibujos pequeños.

Ya en cama, unos segundos antes de dormir, nos dijo: "¿Nos está quedando bien bonito el nacimiento, verdad?" -Sí, hijo, muy bonito. Le dijo Lina.

No estoy seguro si Andrés recuerde dentro de 30 años qué regalos recibirá esta navidad. Pero lo que yo le estoy pidiendo al niño Dios, es que me conceda que mi hijo recuerde esa noche como la noche en la que hicimos juntos un enorme nacimiento, y que nunca olvide la hermosa sonrisa que pudimos pintar en su rostro mientras pintábamos al niñito Dios.


Andrés innova pintando una estrella anaranjada, mientras su papá trata de corregir las manchas azules que debían pintar el vestido de la Virgen.

Andrés y su papá terminan la primera etapa de la acuarela. Le han invertido ya un par de horas y el dibujo ya va tomando forma.

martes, junio 01, 2010

Me gusta dibujar. Tengo recuerdos viejísimos dibujando. Y el dibujo, nunca me ha abandonado en el transcurso de mi vida. No puedo evitar hacer unos trazos tan pronto tengo un lápiz y un papel.

Recuerdo que en secundaria, asistí a clases de pintura con Tijelino. Más tarde, fui a clases de dibujo a la casa de la cultura. Luego aprendí a pintar con acuarelas y con óleo. Hoy dibujo tanto en las libretas de apuntes como en los pintarrones de la oficina.

Una vez, cuando yo tenía unos 10 años, descubrí arriba de un librero de mi papá, una carpeta hecha con cartoncillo, dentro de una bolsa de plástico llena por el polvo, una colección de dibujos míos de cuando yo era un niño muy pequeño. Tenían mi nombre y la fecha. Eran dibujos hechos con pincelines, o con lápices de colores.

Todavía recuerdo la fascinación que sentí al ver tantos dibujos míos que yo no conocía. Tambien recuerdo que mi papá me dijo: "Estos son mis favoritos", cuando me sorprendió con su colección en mis manos.

Me sentí halagado. Y desde entonces, cuando hago algún dibujo que a mí me gusta, no dejo de pensar que tambien podría estar en la colección de mi papá.

Pero nunca había entendido tan bien su afición por guardar mis dibujos hasta ahora.

Andrés ya hace dibujos en cualquier oportunidad. Hace un montón de rayas, pero la mayoría de las veces, insiste que le ayude, y termino yo dibujando sus proyectos.

Pero ayer en la noche, cuando llegué a casa, me recibió con una hoja de papel en sus manos que me robó la admiración: Era un dibujo a lápiz de un avión. "Estas son sus ventanas..." me dijo. "Y las nubes son negras por que es de noche..." terminó.

Tomé el dibujo en mis manos y lo miré detenidamente. Simplemente me encantó! "Es mi favorito", pensé. Y lo guardé.

Esta mañana, pensé que los papás debemos guardar los dibujos de una diferente manera de como lo hacían nuestros padres hace 30 años. Así que inmediatamente lo scanee y decidí ponerlo en mi blog para compartirlo. Para que cuando Andrés crezca y encuentre este blog lleno de polvo, sepa que este dibujo suyo es en este momento, mi favorito.


"Avión volando de noche"
Andrés Barragán (30 de Mayo de 2010)

miércoles, abril 07, 2010

Ayer cumplí 4 años. No. Cumplimos años: Lina y yo, como padres, Andrés de vida.

Nunca antes me había sentido tan feliz. Tan orgulloso.

La vida no deja de sorprenderme, y Andrés desde que nació, no deja de llenarme de nuevas emociones.

Descubrir que es un individuo que es capaz de discutir, pelear y defenderse, sigue siendo sin duda una experiencia que me conmueve en cada una de sus palabras tan bien pronunciadas. Ser testigo de cómo se esfuerza para tener mejores y más sólidos argumentos, me vuelve loco.

Antes de que se vaya a su cama, se ha vuelto una costumbre luchar –cada vez más rudo- en mi cama. Casi siempre me toca ser el villano que tiene que ser vencido por el súper héroe. Brinca desde la cama, confiando en que lo voy a atrapar. Deja que lo aviente simulando que vuela, y me golpea –cada vez más fuerte- sin que yo oponga la mínima resistencia. Practica llaves de lucha en mi cuello indefenso, y puede dejarse caer sobre mi estómago para lograr que yo me rinda. Por lo general, como en todos los comics, los malos terminamos sucumbiendo ante los súper poderes de los buenos, pero al final, aún en contra de su voluntad, “el malo”, hecho pomada, lo manda a dormir a su cuarto.

Pero ya entrada la noche, en medio del silencio y la oscuridad, cuando sin ningún motivo aparente, aparece en nuestra cama, y se mete en nuestras sábanas, pretendiendo no ser descubierto, ¡me provoca tanta ternura! Más, cuando ya profundamente dormido, e inconcientemente termina poniendo su manita sobre mi pecho. Y ahí estamos, él vestido con su pijama de superman, y yo, conteniendo el llanto, conmovido, y las ganas de abrazarlo fuertemente para besarlo.

Andrés ayer cumplió 4 años. Y no encuentro ningún regalo que pueda compensar todos los regalos que me hace todos los días.

martes, diciembre 22, 2009

Desde la sillita de Andrés, en el asiento trasero, se tiene un panorama muy bueno de todo lo que sucede mientras vamos en el coche. Desde hace unos meses, Andrés se involucra tanto con lo que pasa afuera mientras viajamos, que es imposible que se quede callado: "Papá, papá, papá, ¿Ya viste ese tractor?". Y Lina y yo tenemos que ponerle "pausa" a nuestra conversación, para poder responder a todas sus preguntas. Con su dedito señala y se asegura que todos veamos cuanto él ve.

"¿Porqué estamos parados?", me preguntó un día. "Es que el semáforo está en rojo... ¿Lo ves?", Respondí. Señalando el foco rojo que nos indicaba parar, y le expliqué cómo es que funciona, y qué significa cada una de sus luces.

Desde entonces, grita "¡YA ESTÁ EN VERDE!", cuando tenemos que avanzar.

Hace unas semanas, mientras mirábamos atentos a que cambiara la luz del semáforo que nos detenía, se me ocurrió, contar hasta tres: "Uno, dos... ¡Tres!" y al mismo tiempo que tronaba los dedos, e encendió el foco verde del semáforo.

Desde el espejo retrovisor, noté cómo sus ojitos se llenaron de fascinación. Así que lo sigo haciendo cada que lo recuerdo, y se sigue emocionando como la primera vez.

Anoche, en el coche, Andrés me sorprendió:

- "Papá, los semáforos no me hacen caso a mí..."
- "Cuando seas grande, lo vas a lograr, hijo..."
- "Cuando sea grande, ¿Voy a tener súperpoderes como tú?"

Entonces fue cuando mis ojos llenos de emoción lo miraron con mucha ternura...

- "Sí, hijo. Cuando seas grande como yo, tambien vas a tener súperpoderes".

Zapopan, Jalisco, 24 de diciembre de 2009.

Querido niño Dios:

Te extrañará que despues de tantos años, vuelvas a recibir una cartita mía... Pero hoy, después de tanto tiempo, he recuperado la ilusión, y este año, tengo un deseo que quiero que me cumplas.

Sólo deseo que la imagen que mi hijo tiene de mí, le dure muchos años.

Feliz navidad.

A.

miércoles, julio 22, 2009

A lo largo de los últimos meses, mi agenda ha sido víctima del estrés. Aunque no es ninguna justificación, es la razón por la que, aunque no lo crean, no había escrito en mi blog... pero al término de este post, econtrarán los apuntes de post's que debí escribir en este mes, y que ahora que se puede, tuve que ponerlos todos juntos...

Yo procuro pasarla bien, y llevármela tranquila, pero el tiempo ha sido -entre muchos otros- un recurso al que extraño un montón.

Para quienes se lo preguntaban, sigo en el doctorado. Procuro ir a todas las clases que se puede; dando prioridad, por su puesto, a mi trabajo: Ese que me permite pagar las inscripciones de la escuela. Ese que sigue consumiento la mayor parte de mi tiempo mientras estoy despierto.

Puedo decir que ahí va la escuela: Esta parte de tutorías terminará en noviembre, y desde ahora, además de todos los trabajos y lecturas que debemos llevar a las clases, ya amenaza la presión de ir haciendo el trabajo de la "suficiencia investigadora" que es algo así como una "tesis nivel maestría", en la que debemos demostrar que tenemos los fundamentos para hacer una "tesis doctoral".

Debo confesar que a veces, en la carretera de regreso, de noche, con la espalda molida y un ardor en los ojos, intento convencerme de renunciar. Todavía no lo he logrado.

Por otro lado, desde que tuve el acierto de contratar a Lina como la gerente de importaciones, de marketing, de administración, contabilidad y finanzas, de manufactura, de atención a clientes, de ventas y de mi asistente personal, las cosas en nuestro negocio van de "viento en popa". ¡Esta chica es genial! En el último semestre, los números dicen que dentalxray cambió de ser un negocio que tenía números muy rojos a uno que poco a poco se ve cada vez más sólido y rentable.

Esta situación me tiene muy contento. Más allá de la rentabilidad del negocio, el hecho de haber aceptado el reto y a punta de tropezones mantenerlo a flote. Desarrollar habilidades que no teníamos y darnos cuenta de qué estamos hechos. Este proyecto, tan lleno de desafíos que, a veces, nos causa dolores de panza, es el que ahora, me llena de orgullo.

Y para terminar con éste pre-diagnóstico de mi "estatus" en la víspera de mis treinta y tres años, quisiera escribir un poco de Andrés.

No me cabe la menor duda que Andrés es el factor que me mantiene así de contento. Es mi gasolina que logra hacer que me despierte temprano para hacer mi jornada laboral, para asistir a clases en otra ciudad, para tener concentración y hacer las tareas, y para revisar con Lina las cosas del negocio.

"Todo esto lo hago por tí." Le digo. Pero él insiste que le haga "caballito"; "Hijo, todo esto es para tí..." Insisto. Y parece que lo único que le importa es mostrarme su sonrisa desvelada por que me espera despierto para jugar en mi cama.

Y dentro de toda esta contradicción, de hacer tantas cosas para él, me pregunto si no valiera más la pena llegar a casa temprano para llevarlo a dar un paseo...

Espero no estarme equivocando.

Por lo pronto, cada que salgo de casa, en las mañanas, y Andrés sigue dormido, le tengo que pedir a Lina -que es una adoración de madre- que le diga que lo quiero cuando se despierte. Que lo veré en la noche, para jugar luchitas en mi cama...

lunes, abril 06, 2009










Celebrando el cumpleaños número 3 de Andrés. No sé quién ha sido más feliz este día, si él o yo.
Ser padre ha sido sin duda, la experiencia más enriquecedora que he tenido en mi vida; la más intensa; la más bonita.
Estos tres años como padre, los he disfrutado muchísimo.
Con sonrisas, lágrimas, sangre, besos... con todo lo que implica tener un hijo.
Muchas felicitaciones, hijo, Lina, por nuestros primeros 3 años como familia.
Los adoro.

miércoles, febrero 18, 2009

La Fontaine y Andrés.
Hace muchos años, debió ser en plena infancia, me topé con un par de libros empastados como de enciclopedia que tenían una enorme colección de fábulas de La Fontaine. Me resultaban muy interesantes y gracias a las dramáticas ilustraciones de Gustavo Dore, adquirían ese toque de seriedad y le daban más fuerza a las moralejas que ahí se aprendían.

Leí esos enormes libros una y otra vez. Las fábulas me causaban tanta sensación, que terminaba comentando cada una de ellas con mis padres, con tanta pasión, como si ellos nunca las hubieran leído nunca.

Claro que lo importante de esas historias era siempre entender los sentidos de las moralejas. Y conforme tus padres tienen la paciencia de explicarlas con ejemplos más claros y sencillos, las lecturas toman una dimensión tan diferente que, la misma fábula, esa que se había leído ya tantas veces, vuelve y vuelve a maravillar a los jóvenes lectores.

Recientemente, Andrés nos ha pedido que le contemos cuentos antes de dormir. Al principio, improvisábamos historias donde los protagonistas le resultan familiares, como él mismo, por ejemplo; sus maestras, sus compañeros, etc.

Luego, se me fue acabando la inspiración y tuve que echar mano de los clásicos. Aunque, buscando historias muy-muy simples y simplificándolas aún más... si bien la intención es que Andrés se duerma, también pretendo que le resulten interesantes y pueda aprender algo de ellas.

ANDRES (Somnoliento) : "¿Papá, me cuentas un cuento?"

PAPÁ: "Claro que sí , hijo. ¿Cuál quieres que te cuente?"

ANDRES (Con un poco más de entusiasmo) : "El del patito feo."

PAPÁ (Con desgano) : "¿Otra vez? Ese ya te lo he contado muchas veces..."

ANDRES (Suplicante) : "Ese me gusta."

PAPÁ (Con un poco de ánimo) : "¿Te sabes el cuento de la carrera de la liebre y la tortuga?"

ANDRES: "No."

PAPÁ: "¿Sabes qué es una tortuga?"

ANDRES: "Sí."

PAPÁ: "¿Sabes qué es una liebre?"

ANDRES: "No."

PAPÁ (Tratando de hablar lo más rápido que puede para darle énfasis a la explicación) : "Una liebre es como un conejo. Corre muy rápido. RápidoRápidoRápido. Corretanrápidoquenoselevenlospies... vadeaquíparaallátanrápidoquecasinolapuedesver... Es muy rápida... Muy."

ANDRES: "Ajá."

PAPÁ (Ahora hablando con tonos graves y muy lentamente) : "Y como sabes, las-tor-tu-gas... son... muy... len-tas... pri-me-ro... dan... un... pa-so... y... lue-go... o-tro... des-pa-ci-to... muy... des-pa-ci-to... ca-mi-nan... muy... des-pa-ci-to... ¿Verdad?"

ANDRES: "Sí."

PAPÁ: "Entonces, un día en el bosque, hicieron una carrera para ver quién ganaba, si la liebre o la tortuga..."

ANDRES (Con un gesto de asombro) : "¿Sí?"

PAPÁ (Orillando a su hijo a sacar conclusiones) : "Si la tortuga es muy lenta, y la liebre es muy rápida... ¿Quién crees que va a ganar la carrera?"

ANDRES (Muy seguro de sí mismo) : "La tortuga."

PAPÁ (Hundido, sin palabras en un incómodo silencio) : "..."

Tuve que tragarme mi orgullo y contarle la historia tal y como la aprendí. Esa donde la tortuga contra todos los pronósticos, le gana la carrera a la liebre. Me hubiera gustado sorprenderlo con el inesperado final, y el sorprendido fui yo. Al final, cuando Andrés concilió el sueño, me di cuenta de cómo los adultos le queremos poner los paradigmas a nuestros hijos, y esperamos que ellos piensen y tomen decisiones bajo un esquema de valores ya predeterminado. Y Andrés me demostró que, pese a un pronóstico que lucía muy adverso, para él, su competidor favorito para ganar, era, ni más ni menos y para mi sorpresa, la tortuga.

miércoles, diciembre 24, 2008

Con motivo de una pastorela, en la guardería de Andrés organizaron a los niños para que llegaran disfrazados de algún personaje.
Lina dice que había "angelitos", "diablitos", "pastorcitos" y un niño que se disfrazó de árbol de navidad. (pft!)

Andrés tenía que vestirse de ángel. Y aunque recientemente el comportamiento de mi hijo no es precisamente "angelical", vestido con aquel atuendo divino, en verdad parecía un mismísimo querubín... Sin embargo, y como no estabamos seguros que el disfraz regresara completo y en buenas condiciones del festival, Lina me propuso aprovechar que teníamos que fotografiarnos para un trámite académico, y pedirle a la fotógrafa que inmortalizara la imagen alada de nuestro hijo.

Era la primera vez que Andrés se exponía a tanto equipo fotográfico. Una cámara muy grande, con un lente muy prominente; luces, pantallas, un set con muchos fondos y muchas cosas de utilería. Le pusimos la muestra y Lina, y luego yo, posamos ante la cámara de la fotógrafa con sonrisas programadas pedidas expresamente por la profesional... Y le explicamos que eso era lo que tenía que hacer.

Y la sorpresa de propios y extraña fue ver la soltura y profesionalismo empírico en la conducta de nuestro hijo. Como todo un modelo, Andrés lucía desenvuelto y atento a las intrucciones de la dueña de la cámara y de los padres entusiasmados y sorprendidos.

-"Pon tu manita aquí. Mira para allá. Sonríe... [click] ¡Eso es!"

Y Andrés espera la nueva instrucción.
La cantidad de fotos y poses era inimaginable. Yo iba con la idea de que con que no llorara era más que suficiente, pero insisto, se veía como se ven los peces en el agua... ni hubo necesidad siquiera de gritarle "¡Pajarito, pajarito!"
Al término de la sesión, todos salimos muy contentos.
En el camino, le explicaba a Lina que ese comportamiento de Andrés era digno de haberle hecho un "detrás de cámaras", osea, filmar la sesión fotográfica para poder mostrar -presumir- las dotes histriónicas de mi hijito. Así que, emocionados planeamos, mientras regresábamos a casa a toda velocidad, repetir la hazaña. Sabíamos dónde podíamos improvisar un set de fotografía, pondríamos el tripié con la video cámara y con la cámara fotográfica, Lina tomaría fotografías sacando todo el potencial de nuestro hijito... así, bajo su dirección, tendríamos mejores fotos que las que habíamos tomado en el estudio.
Entusiasmados, movimos muebles, trajimos un banquito, pusimos las cámaras, y hasta traje la lámpara del escritorio para hacer el efecto de la luz indirecta. (¡!)
[REC]

-"A ver, hijo, sonríe, mira para acá..." Le decía Lina con la actitud de una fotógrafa profesional.

Y Andrés llorando: "Yo quiero la cámara!" Y caminaba hacia la cámara que se suponía captaría su dócil comportamiento.
Intentamos de una, otra y otra manera, y de aquel niño que seducía a la cámara sólo quedaba el recuerdo y se convertía en una tremenda frustración porque no se podía repetir el momento.
Despues de muchos corajes y amenazas, terminamos rindiéndonos tomando fotos que simplemente no estaban planeadas y arrancándole de sus diminutas manos mi cámara de video, aún apesar de su inagotable llanto.

Afortunadamente, las fotos de Andrés del estudio, pudieron procesarse e imprimirse, dejando, para la posteridad, esos rostros tan angelicales de los cuales jamás se podría creer que pueden producir lágrimas y llantos desconsolados.

Andrés posando magistralmente ante las instrucciones de la fotógrafa.

Aquí el ángel se había apoderado de la cámara de su papá.

No cabe duda que el espíritu de la navidad está en los corazones inocentes de los niños.

Recuerdo perfectamente esas tardes prenavideñas de mi niñez, en las que me esmeraba escribiendo y decorando cartas al niño dios.

Ahora recuerdo cómo lo hacía con la plena convicción de que las cosas que pedía en mi cartita aparecerían como por arte de magia. Tambien me acuerdo que dibujaba motivos navideños, nacimientos y a veces, hasta los dibujos de los juguetes que requería con tanta emoción.

Debieron pasar muchas navidades así, en las que usé mucho papel y colores lleno de ilusión.

Pero pasó lo que desafortunadamente tiene que pasar alguna vez: La fantasía se disipa poco a poco hasta que vamos descubriendo un mundo donde las cosas que deseamos no siempre se pueden conseguir. Y esa navidad, mi primera como niño-adulto, mis papás me llevaron a una juguetería para que escogiera yo mismo y en persona los regalos que "el niño dios" me traería.

Esos fueron los últimos juguetes que mis padres me compraron y la última vez que apareció algo en el árbol navideño que poníamos en la sala. Hubo tal contradicción en mí, que las navidades que siguieron fueron tan ausentes de emoción que incluso había olvidado lo hermosas que pueden ser.

Hoy tengo un hijo con quién compartir. Hoy tengo un hijo con un corazón inocente al que se le puede hacer creer fácilmente que si desea con todo el corazón, y si se porta bien, podrá recibir, como por arte de magia todo lo que él pida a un niño que nació un día como hoy, con la difícil tarea de ser dios.

Y hoy, despues de muchas navidades, espero esta noche como un chiquillo. La espero, porque mi hijo -con nuestra ayuda- escribió una cartita en la que desea un juguete. De esta noche depende, creo, que Andrés por primera vez entienda cómo funciona la magia y tenga esa ilusión que les hace brillar los ojos de millones de niños en el mundo.

Estoy en verdad muy emocionado. Lo estoy, porque mis papás hicieron eso por mí, y hoy nos toca hacerlo por Andrés, y lo estoy, porque estoy seguro de que será igual con mis nietos...

Mañana, muy temprano, mi hijo verá a traves de sus ojos incrédulos una motocicleta con pedales, y será un regalo que lo hará muy feliz, y nuestro regalo, nuestro milagro, será ver su sonrisa y sus ojitos contentos mientras se sube y estrena el suyo.

Feliz navidad para todos. Y ahora que yo he redescubierto el espíritu navideño, deseo de todo corazón que todos lo hagamos lo mismo. Y lo conservemos así durante todo el año.

Un abrazo.

lunes, mayo 26, 2008

A Andrés, mi hijo, le gusta cantar.

Despues de algunas decenas de veces que hemos visto la película de Disney de "El libro de la selva", ha aprendido ya algunas tonadas de canciones al grado que he pensado en montar junto con él, con todo y coreografía la canción de "Lo más vital", que en la película, es interpretada por Mowgli y Baloo. (Éste último con la voz de don German Valdez).

Andrés canta y baila a la menor provocación... Selecciona en función de su capricho la canción que quiere que cantemos, y no hay poder humano para hacerlo cantar una rola que no quiera... es uno de esos artistas que, a pesar de su corta edad, sabe manejar muy bien su carrera y canta sólo lo que cree que le conviene.

Ayer, AMLO estuvo en Zapotlán. Y en los minutos previos a su llegada, los animadores que ocupaban el escenario bailaban y cantaban temas musicales alusivos a la defensa del petróleo... Temas, que francamente me gustaron. Temas muy buenos, en todas sus dimensiones.

Tan pronto regresé a casa, me día a la tarea de buscar el "soundtrack" del evento en youtube y cuál fué mi sorpresa que los encontré con relativa facilidad.

Los oí un par de veces... luego le pedí a Lina que los oyera. Los oímos una vez más... y unos minutos más tarde, los volvimos a oír.

Y cuando ya estaba haciendo otras cosas, y tarareaba una canción, mi hijo, se acercó y me acompañó repitiendo las últimas sílabas de cada palabra, que es todavía su estilo para cantar.

Quiero compartir estas canciones:





viernes, mayo 16, 2008

Andrés es un niño de un poco más de dos años y de un vocabulario que funciona como esponja.

Cada día nos sorprende a Lina y a mí, con palabras nuevas... Incluso, con tonadas de canciones que aprende en su fantástica guardería.

Crece a una velocidad que asusta. Cuando está dormido, y lo vemos, estirado cual largo es, nos da esa nostalgia de recordar el pasado inmediato, cuando Andrés cabía cómodamente acurrucado en nuestros brazos... cuando sus manitas acariciaban el dulce rostro de su mami... ahora, sus golpes accidentales nos dejan viendo estrellitas.

Corre, brinca, grita a todo pulmón... avienta las pelotas, se sube a las sillas, tira patadas y se adueña de todo lo que le llame la atención a sus padres...

No tolera que algo compita con él para ser el centro de la atención... si quieres ver la tele, él no. Y hay que apagarla. Si lo que quieres es ver una revista, sentado en la sala, la revista saldrá volando por ahí, y hará que te pares para jugar con él... Si has encontrado espacio para una reparadora siesta vespertina, seguro golperá tus cachetes hasta hacerte despertar... ¿No es un amor?

A veces, me toca conectarme a internet desde casa... y con el asunto de mi computadora no es la excepción: Si estoy concentado frente al monitor, no estará en paz hasta alejarme de mi tarea, aunque despues se olvide de mí y se meta a la caja de sus juguetes...

Aproveché que tengo una cámara en mi nueva computadora, para tomarle unas fotos mientras golpeaba el teclado de una manera inhumana... Así nos veíamos hace unos días:













Andrés y su papá se divierten viéndose en la webcam... los dos parecen niños con juguete nuevo... ¿Se nota?

miércoles, enero 30, 2008

En muchas ocasiones en mi vida, he tenido miedo.

Con el paso del tiempo, ha sido una emoción que creí haber superado. Pero no es así. Siempre hay algo nuevo que no deja de asustar.

Sin darnos cuenta, Andrés desarrolló una leve infección en su oído izquierdo, y sin síntomas aparentes, nunca le dimos la atención que necesitaba.

La mañana del sábado pasado, siguió durmiendo más de lo normal, Lina estaba en clases, y yo, desde la regadera alcancé a oir un gemido que de primera instancia me pareció un grito de terror. Salí corriendo del baño sólo en calzoncillos, esperando consolar a mi hijo, y mi sorpresa fué encontrarlos haciendo movimientos extraños, incontenibles, con una expresión en su rostro que jamás podré olvidar, como si le faltara aire, como si no pudiera respirar. Su mirada estaba perdida y no atendía mis desesperados gritos que buscaban volverlo en sí. Lo abracé y lo golpié en la espalda, esperando encontrar lo que estaba causando esa aparente asfixia, pero fué inútil.

Y con mi hijo en brazos, todavía en ese transe, salí del departamente suplicando por ayuda.

Un par de vecinas acudieron a mi llamado y la escena no era para menos escalofriante: un padre desesperado, en paños menores con un bebé en brazos con los labios morados y con movimientos violentos.

Rápidamente una de ellas tomó al niño y lo puso de lado... fuí a ponerme un pantalón, porque la otra ya estaba en su coche lista para llevarnos al hospital.

En el camino, Andrés se puso bien... pero una extraña somnolencia ahora era mi más grande preocupación.

Sentí miedo. Esos dos o tres minutos de mi vida, han sido por mucho, los peores. Sentí miedo de no poder hacer nada, de perderlo. De perderlo ahí, justo en mis brazos. Sentí mucho miedo.

El diagnóstico, despues de una profunda investigación, es que subió su temperatura a causa de una infección en su oído, y la fiebre fuera de control, causó una convulsión febril.

La escena, es para olvidar. Y nunca se está preparado para una situación como esta. Pero si tienes un niño menor de 5 años, es posible que te suceda, y nunca está de más estar por lo menos informado de lo que se tiene que hacer.

Hoy, mientras Andrés duerme, y oigo un pequeño ruidito, tengo que despertar y verificar que todo esté en orden... me lo han dicho en otras ocasiones: "...es sólo el comienzo... los hijos nunca dejan de preocuparte..."

¡Andrés, hijo, qué susto nos sacaste!

miércoles, diciembre 26, 2007

¿Quién no ha deseado recibir como regalo un coupé rojo convertible?

Desafortunadamente pocos pueden disfrutar de este tipo de regalos... afortunadamente, Andrés ya puede pasear a toda velocidad en el suyo...

Andrés aprendiendo a conducir su auto nuevo.

domingo, octubre 28, 2007







Es increíble. A mí todavía no se me quita el dolor en el corazón por el accidente de mi hijo y apenas una semana después, Andrés está muy recuperado.
No cabe duda que los niños así como se caen, se levantan.

domingo, octubre 21, 2007

No tenía idea de lo difícil que era ser padre.

Habíamos pasado momentos difíciles: Noches en vela, enfermedades, llantos de dolor... pero hoy, me he dado cuenta de que todavía no he pasado por lo peor.

Hace unas horas, Andrés se cayó y se golpeó la boca con una bardita. El labio inflamado y la sangre no se hicieron esperar. Lo levanté inmediatamente y de entre la sangre quería ver dónde había sido el golpe y la sangre se me fué a los talones cuando ví que uno de sus dientitos superiores frontales se había recorrido para atras. Sí, se movió tanto que quedó perpendicular a sus compañeritos...

¡Cómo quisiera que eso que ví sólo fuera una pesadilla!

La sangre que salía de su encía y su labio mancharon de inmediato su camisa y la mía... y lo más rápido que pudimos, lo llevamos al hospital.

Afortunadamente no necesitó de algunas puntadas para su labio, pues hubiera sido muy difícil controlarlo... estaba tan asustado y adolorido que no dejaba de gritar y llorar y era prácticamente imposible ponerlo quieto para que lo revisaran... ya me imagino si hubiéramos intentado coserlo.

El diente seguía ahí, doblado para atras, y sangrando.... domingo de fiesta en Zapotlán, y no se me ocurría qué más hacer... y lo llevamos con mi tía Martha, una dentista retirada a la que hacía muchos años no visitaba... y ahí comenzó otro de esos episodios que quisiera arrancar de mi memoria: Con una gasa, y su fuerza, trataron de enderezar su dientito, mientras yo, con mis manos le mantenía la boca abierta e inmóvil. Juro por Dios que es la escena más fuerte que he visto en mi vida: Pero la encía de Andrés se partió en dos y el pedazo donde estaba el diente quebrado, se hizo ahora completamente para adelante... siento escalofríos y sudo helado cada que lo recuerdo. Mi tía, lo regresó de nuevo a su lugar, y cuando vió mi cara desencajada y con los ojos desorbitados, me trató de consolar diciendo que el tejido de la encía es de lo más noble y que se recupera fácil y rápidamente.

Yo no sé si tanta sangre, tanta lástima que sentía por mi pobre hijito que no merecía estar ahí, me hicieron sentir por un momento que perdía el sentido. Me sentía mareado, y por la descripción de mi esposa, tenía un tono verde en la piel que asustó a todos los que me veían.

-"Estoy bien, estoy bien... estoy aprendiendo a ser padre..."

Hacía mucho que no lloraba. Hacía mucho que no me salía de control. Hacía mucho que pensaba que mi cerebro era capaz de dominar mis emociones. Hacía mucho que no me dolía tanto una herida ajena.

Era la primera vez que veía la sangre de mi hijo.

Y hoy, cuando sigo peleando conmigo mismo para controlarme y olvidar todo lo que ví, me doy cuenta de lo mucho que duele ser padre. De lo difícil que es ver a los hijos lastimándose... sufriendo, llorando... de lo mucho que duele ver el dolor de los hijos.

No pasa un sólo día sin que mi hijo se encargue de darme una lección. No pasa un día sin que recuerde en la mañana o al acostarme la enorme responsabilidad de cuidarlo... no pasa un día sin que sienta la terrible sensación de peligro que lo rodea.

En este momento, cuando tengo el corazón hecho "pasita", y se acerca mi hijito y me sonrie con su labio hinchado y su diente sobrepuesto, me pregunto si él estará conciente de lo mucho que me ha enseñado el día de hoy.

jueves, octubre 04, 2007

Apenas a dos días de sus primeros 18 meses de vida, Andrés duerme una siesta, agotado, por la terrible noche que pasó.

Andrés está enfermo.

El departamento donde vivimos huele a vómito de Andrés... Lina y yo, ya hemos perdido la cuenta de la cantidad de vómitos que hemos tenido que limpiar y la cantidad de pañales que hemos cambiado...

El güerito está pálido y triste... y nosotros, completamente fuera de ritmo... ésta sería su segunda semana en la guardería, y no tenemos quién nos ayude a cuidarlo en estas situaciones.

Decidimos inscribir nuevamente a Andrés en la guardería, a pesar de tener ya una triste experiencia, porque, creemos que ya está en una edad en la que necesita socializar y aprender cosas de niños de su edad, que ninguna de las nanas que le habíamos podido conseguir, podía enseñarle... así que, el que mi hijo esté enfermo por segunda vez en su vida, es el precio, por tener la oportunidad de vestir un uniforme, convivir con niños de su edad, aprender cosas nuevas y descargar toda esa energía que en casa, solo, no tenía ningún cause.

Enfermito, pues, mi hijo ahora está en cama, como agotado por el desgaste físico que implica una enfermedad tan agresiva como vomitar y tener diarrea... El pediatra y nuestra homeópata nos dieron medicamentos para que pronto vuelva a su escuela.

Espero que en pocos días, Andrés pueda recuperar el brillo de sus ojitos, la ternura de su sonrisa, y la velocidad de sus pasitos...

lunes, agosto 13, 2007

El domingo fuimos los tres a la lavandería.

Al final, cuando me acerqué a la caja para pagar, senté a Andrés en el mostrador para sacar mi cartera... Saqué mi tarjeta y el empleado la tomó y salió del local porque el punto de venta estaba en el local de al lado.

Andrés estaba muy insistente estirando la mano detrás del mostrador. Curioso, me asomé, y ví que mi hijo pretendía alcanzar la enorme colección de brillantes monedas y billetes que estaban en un cajón abierto detrás de la barra... y aunque intentaba jalar a mi hijo, éste se aferraba a estirar el brazo.

Decidí, cerrar dicho cajón, para quitarle la tentación.

Justo cuando mi mano estaba haciendo el esfuerzo para cerrar la caja registradora, el empleado llegó con mi voucher y una pluma para firmarlo.

Lentamente regresé mi mano del lado del mostrador donde estaba el resto de mi cuerpo y con la cara larga de vergüenza firmé los $120 del servicio de lavado y secado.

Estoy completamente seguro de que el empleado de la lavandería tuvo la duda de lo que pasó en su ausencia hasta el final del día en que hizo el corte de caja. Suponiendo que no lo hizo inmediatamente después de que me fuí.

A veces, los hijos, sin querer, hacemos pasar terribles vergüenzas a nuestros padres... y ya comienzo a pagar todas las que hice.

viernes, agosto 03, 2007

Más fotos de nuestro viaje a Los Cabos.

Andrés y Lina, en la alberca del hotel, mientras los cuido desde un asoleadero.

En la marina de San Lucas, la familia Barragán Padilla posa para la foto del recuerdo.

-"Papi, ¿me la compras?"
Me dice Andrés mientras prueba "los montables".

jueves, agosto 02, 2007

Algunas fotos de nuestro viaje a LosCabos.

-"¿Y mis lentes?"
Andrés se pregunta porqué sus papás no le han comprado lentes para el sol...



Andrés y su papá, se mojan los pies en las heladas aguas de Cabo San Lucas, teniendo como marco el representativo horizonte rocoso de Los Cabos.